La libertad política implica la libertad de poder expresarla 

bf562d41-d114-4f03-bcb0-d9fa00a40503_200

Política >

Pinceladas de Bipartidismo

Alejandro González Silva

Sin duda, uno de los sinónimos que presenta el bipartidismo es la estabilidad. La pregunta que se pone en tela de juicio es si dicha estabilidad se transforma en virtud para la ciudadanía, o por el contrario, se convierte en un factor monopolístico en la toma de decisiones.

Entendemos bipartidismo como aquel sistema basado en la existencia de dos grandes partidos políticos que son los únicos con posibilidades reales de ocupar el poder. Desembocando una incapacidad efectiva de los demás agentes políticos para entrar en escena.

Nos encontramos ubicados en una sociedad plural, donde la diversidad de pensamiento actúa como protagonista gracias al progreso adquirido durante cuarenta y dos años de democracia.

Es por ello, que cada colectivo social, en definitiva, cada idea presente en un grupo ciudadano, debe de estar vinculada con un sujeto capacitado para defender sus intereses, cumpliendo así con los cánones de nuestro sistema de democracia representativa.

De esta precisa forma, todos ganamos.

El verdadero problema surge cuando nuestro panorama político se torna incapaz de tomar decisiones basadas en la voluntad general, y centran toda su atención en mantener sus intereses individuales o partidistas; llevando al pueblo y a la nación a un estado de parálisis.

El arco parlamentario en las últimas legislaturas ha sufrido grandes modificaciones, que durante décadas parecían tremendamente impensables. Destacando concretamente una fecha, finales de 2014 y principios de 2015; donde partidos como Podemos y Ciudadanos irrumpieron en la escena política, reduciendo la intención de voto de aquellos partidos hegemónicos.

John Stuart Mill (filósofo, político y economista inglés), entre otros autores, apeló al riesgo de un gobierno dictaminado por la mayoría de la nación, oprimiendo de esta forma a los pequeños colectivos. Esta formación se transmite en una débil democracia parlamentaria, la tiranía de la mayoría.

Por otra parte, se torna de igual mezquindad la conjunción de las minorías a los grandes partidos, desentendiéndose de su labor de representación; donde, a través de la obtención de un puñado de privilegios venden su sentimiento nacional para solo satisfacer a un pequeño colectivo, claro ejemplo pudo verse apreciado en esta última legislatura.

El mayor ejercicio de salud democrática es la obtención de acuerdos que permitan el progreso, dejando a un lado las siglas y las ideologías, focalizando todos los esfuerzos en representar las necesidades que manifiesta la sociedad, ejecutando un plan de acción que permita paulatinamente la realización de estas necesidades primarias.

Debemos vencer al miedo, probar nuevas fórmulas con el objetivo de aportar soluciones reales, efectivas; para así, convertir la política en lo que siempre debió ser, una herramienta de cambio al servicio de la sociedad civil, no un elemento de poder a disposición de las élites.

Cada grano de arena, cada pequeña voluntad de cambio en una urna, en definitiva, cada sentimiento, es el comienzo de una nueva etapa.

Más información >

No éramos conscientes de nuestra fragilidad. La supervivencia es a pesar de todo lo que hemos evolucionado como especie, principalmente en el plano social (...)